Sir James Paul McCartney, un alma que pese a sus 66 primaveras, sigue tan joven y lúcida como cuando tenía 15 añitos y era un moco correteando por su Liverpool natal. ¿Quién no conoce a Paul y toda su historia? Formó parte de uno de los mejores dúos musicales del rock contemporáneo, junto a su otra mitad, John Lennon. Muchos le atribuyen la causa de la ruptura beatle allá por abril del 70. Unos por avaricioso, tanto musicalmente –quiso liderar una banda huérfana desde la prematura muerte del manager Brian Epstein- como económicamente, ya que no aceptó los términos de Alen Klein, el manager que sugería un Lennon desequilibrado y fuera de control. Pero Paul no cejó en su empeño de liderar una gran banda y tras tener en contra a todo el poder místico del cuartero de Liverpool, decidió adelantarse y dejó la banda ante la sorpresa de todos.Junto a Linda, su otra alma gemela, creó un nuevo grupo; Paul McCartney & The Wings, liderando las listas Billboard en la década de los setenta hasta la desintegración del nuevo grupo. Canciones como “Silly love songs”, “Coming up”, “Band on the run” o “Maybe I’m amazed”, fueron algunas de las perlas con las que nos deleitó al mundo entero y que por un momento llegaron a eclipsar la alargada sombra beatle que hoy en día aun persigue al músico. Pero, algo que suscita morbo e interés, es la relación que mantuvieron John y él tras la separación de los Beatles hasta la muerte del genio en diciembre de 1980, todo un misterio…
Sí que es cierto que ambos se llevaron a fuego. Después de la triste disolución beatle, la pareja llegó a entablar una dura guerra mediática y musical, un duelo en todo lo alto, propiciando un terrible eco por todo el planeta. Lennon se alineó con los rebeldes, los chicos malos de la clase. Paul fue más cabal, algo formal y mantuvo un ideal más solidario y familiar. Ambos se tiraron mil trastos a la cabeza –véase “Too many people” o “How do you sleep?”- puesto que los discos “Ram” e “Imagine” fueron simples puñaladas para dar a conocer un nuevo estilo musical vengativo y lleno de reproches. McCartney se vio solo, sin adeptos y con toda la prensa en contra. Harrison se posicionó rápidamente con John –prueba d ello en la guitarra y composición de “How do you sleep?”-, mientras Ringo estaba ocupado haciendo hijos y participando en series y películas de serie B. Así pues, Paul decidió dar un giro de 180º en su vida. Cambió todo. Su domicilio, sus hábitos, su banda… hasta su look. Paul quiso ser un chico malo a la fuerza y casi lo consigue. El modosito, reservado y diplomático McCartney fue poco a poco convirtiéndose en una estrella del heavy-love songs, metido hasta las cejas, acababa todos sus macroconciertos estrellando alguna guitarra o quemando alguna chaquetilla –torera en ocasiónes-.
Los años pasaron y Paul continuó cosechando rotundos éxitos. Sus singles emergían de la nada hasta el #1 como la espuma y sus cambios iban poco a poco cogiendo forma. Sus antiguos compañeros veían como Paul creaba éxitos sin precedentes y como seguía manteniendo vivo el espíritu beatle. John conservaba tambaleos constantes con la justicia debido a sus continuas detenciones por posesión de drogas o material de alto contenido pornográfico, además de seguir con la carencia afectiva de siempre, la de sus padres, se le unió la separación de Yoko durante 2 años, -el famoso “John’s lost weekend” de 20 meses-. Aquí fue cuándo la pareja musical volvió a las andadas. Ya sin la negativa influencia que despertaba Ono en John hacia Paul, ambos efectuaron un reencuentro en Ney York, allá por los años 73, 74 y 75.

John se mudó a un apartamento con su asistenta personal, la también asiática May Pang –quien hace pocas fechas publicó su libro de memorias fotográficas- a vivir la mejor de las vidas, descuidando a su hijo y sumergido en una vorágine de drogas, alcohol y numerosas peleas en los peores antros de La Gran Manzana. Paul y Linda lo visitaban a menudo, unas 2 o 3 veces por mes, con vuelo directo desde Londres. Lennon y McCartney fueron sorprendidos en varios sitios públicos, en eventos musicales e incluso en famosos y lujosos restaurantes o pubs. Compusieron un material todavía inédito que en la actualidad valdría millones entre las mayores subastas de la historia. Rememoraron borracheras y consiguieron forjar una nueva alianza, pero sin la presión beatle y el aliento constante de Yoko sobre la nuca de Lennon. Todo marchaba genial e incluso los restantes beatles perdonaron a Paul, mantuvieron una reunión en la cual decidieron la disolución legal del cuartero (1975), pese a tener contrato con la discográfica de EMI hasta 1980 –curioso, el año de la muerte de Lennon-. Pero los sueños de reunir a la mítica banda de Liverpool se desvanecieron de la mente de Sir Paul tras la nueva y última reconciliación de John y Yoko.
Paul entró en una nueva depresión y se dedicó a publicar nuevos LPs –firmes éxitos por supuesto-. Quizás estemos hablando de la mejor época de McCartney como exbeatle, llena de grandes giras, entrevistas y mucho glamour –obtuvo un Oscar y alguna nominación-, pero fue entonces cuando más se especuló sobre la futura reconciliación con los otros tres restantes beatles tras haber sido fotografiados los cuatro en una fiesta privada. No obstante, el año 1980 no iba a ser del todo bueno para él y tras ser detenido en Japón por posesión ilegal de drogas –afán por querer seguir siendo un chico malo- sufrió el mayor varapalo hasta ese día: la muerte de John. Lo cogió tan de sorpresa, que llegó a bromear con la noticia en varias declaraciones a los medios, incluso no llegó a creerse la reseña, pero su rostro se desfiguró –imágenes en Youtube- al comprobar que su mejor amigo había sido asesinado. James Paul McCartney no volvió a ser nunca más el mismo. El sueño beatle había muerto y con él todas las expectativas futuras sobre una nueva unión del grupo. Paul y el resto dejaban de ser The Beatles para el fin de los días. La mayor ilusión del Sir se desvaneció y se le comenzó a ver muy nervioso ante la masa social, temeroso ante un nuevo atentado contra un artista del su estatus y se recluyó en su mansión rodeado de altísimas medidas de seguridad. Cambió su imagen, su look, dejo de aparentar ser un rebelde, disolvió The Wings y se dedicó a desvariar, a vivir por y para su mujer abandonando temporalmente su pasión musical, aunque si bien es cierto que los tres restantes beatles se reunieron a los meses del asesinato de Lennon para rendirle un homenaje con la canción “All those years ago” –# 1 en 1981- y “Here today”, aunque Paul se distanció de sus orígenes para desaparecer durante una temporada del mapa.

El resto de la historia de McCartney se resume en un sincero hecho que culminó su caída al más profundo de los abismos: el fallecimiento de Linda por cancer en 1998 terminó con su moral. Ni tan siquiera los premios obtenidos por su brillante carrera o por la serie “Anthology” con Harrison y Starr, pudieron reanimar al genio. James Paul McCartney volvió a casarse en el año 2002, para protagonizar pocos años después uno de los mayores divorcios de la historia rosa, pagándole a Heather Mills una cuantiosa cifra de 30 millones de €. Hace poco admitió no haber superado nunca las dos muertes más trágicas de su vida, las de John y Linda, o lo que es más, las dos mitades de su otra mitad.
En la actualidad, está considerado como uno de los mejores músicos de la historia. Posee numerosos records y fue nombrado por la Reina Elizabeth II Sir en marzo de 1997. Como curiosidad, mencionar que surgió una oscura leyenda bajo su nombre a finales de la década de los 60. Un grupo de fanáticos creó un rumor sobre su muerte en un accidente de tráfico, organizando una serie de extrañas teorías sobre varios mensajes ocultos de sus compañeros en diversos álbumes del grupo The Beatles como “Magical Mystery Tour”, “White Album” o las clásicas carátulas de las portadas “Abbey Road” y “Sgt, Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, creando una metáfora de la muerte y funeral de Paul. En la primera de ellas, John Lennon asomaba con un traje blanco en su condición de oficiante, Ringo cubierto de negro representaba a la funeraria y Harrison con unos pantalones vaqueros raídos complementaba las funciones de enterrador. Paul era el único que aparecía descalzo y con el paso cambiado y chocantemente aparecía con un cigarrillo en su mano derecha pese a ser zurdo: era la prueba evidente de que la persona que aparecía era un doble que suplantaba al fallecido, William Shears Campbell, un bulo digno de toda una leyenda del pop/rock contemporáneo.
