Operación Morsa: cómo y por qué asesinaron a John Lennon

Si a la sociedad moderna del siglo XXI le preguntaran sobre John Lennon, muchos podrían contestar de varias maneras: unos afirmarían con total rotundidad que fue el líder y cantante del mejor grupo de rock de la historia, algunos lo definirían como el heroico e infatigable pacifista que luchó sin piedad ante la oligarquía plantada por la administración Nixon en los Estados Unidos de América y otros tal vez, como al tipo al que asesinaron sin sentido a las puertas de su domicilio en 1980.

Aquel fue el año en el que Lennon decidió retomar a sus obligaciones musicales tras un largo paréntesis de casi cinco años tras el nacimiento de su segundo hijo Sean Taro. Es cuándo produce su último álbum, Double Fantasy, en donde compartía cartel con su esposa Yoko Ono, y el cual encabezara las listas de LPs de todo el mundo. Este despertar del ex beatle parecía ser el inicio de un período de una creatividad sin precedentes, pero no tuvo tiempo para cumplir sus proyectos ya que tan solo fue testigo de sus últimos éxitos durante pocas semanas.

Pero mas allá de todo lo oficial publicado en miles de medios de comunicación, La Morsa se centrará en complots y conspiraciones secretas de las administraciones presidenciales de EE.UU. para aclarar ciertos detalles que, casi treinta años después, siguen sin cuajar en nuestras mentes.

¿Sabían ustedes que durante las décadas de los sesenta y setenta, la CIA y el FBI, con el total respaldo del Presidente Nixon, crearon un movimiento de persecución para aniquilar a toda la moda Hippy? A ello lo denominaron la Operación Caos, la cual consistía en analizar y a la postre exterminar con toda la admiración de la juventud norteamericana, es decir las mayores estrellas del cine y del rock. Personajes como Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Jannis Joplin, Elvis Presley, Marilyn Monroe o el mismísimo John Lennon fueron víctimas de esta macabra operación, falleciendo todos en extrañas circunstancias.

Allá por el mes de julio de 1969, Howart Hunt, asesor de la CIA, acompañado por el sector duro del entorno de la Presidencia del país, acordaron crear un nuevo grupo de eliminación de personajes que estorbaban y molestaban a los Estados Unidos. El procedimiento consistía, primero, mediante sabotajes y boicots a películas, conciertos o presentaciones de discos. Finalmente, deslizándose con una mayor destreza, se pasó al frío y sencillo asesinato. Las faena final concluye siendo maquillada con sobredosis, suicidios, ataques al corazón o asesinatos a manos de perturbados mentales. Éste último caso es el de Mark David Chapman, el asesino material de Lennon.

Mark David Chapman (Fort Worth, Texas, Estados Unidos 10 de mayo de 1955), estudió en la Universidad de Covenant en Lookout Mountain, Georgia. Aparentemente fue un joven que cumplía con todos los parámetros de la normalidad, hasta que a los diecinueve años ingresó como huésped en un campamento de la CIA en Beirut, sometiéndolo a tratamientos psiquiátricos y programándolo para futuras misiones de la agencia. Para ello, las altas esferas científicas lo trataron con las típicas recetas de la CIA. Sustancias como la torazina o la terapia de la hipnosis fueron las armas experimentadas en el joven Chapman. El asesino de Lennon fue uno de los pioneros en la cadena de montaje de asesinos programados de la CIA.

Por si las moscas, la Operación Morsa -así se le denominó a la operación que acabaría con la vida de John- tenía un Plan “B”: en caso de fracasar, Mark David Chapman alegaría ante la justicia enajenación mental transitoria para excusarse sobre la rara naturaleza o ejecución del asesinato. Así pues, tras seis duros y largos años de preparación, a Chapman le llegó la hora de la verdad.

El 8 de diciembre de 1980, el futuro asesino aterrizaba en Nueva York para consumar su obra. Después de hospedarse en un céntrico hotel, adquirió por enésima vez en su vida el ejemplar de El Guardián Entre el Centeno, obra que imprimió un fuerte sello en la vida del protagonista en cuestión durante sus primeros años de adolescencia. Chapman se mantuvo ante los apartamentos Dakota la mayor parte de ese día. A eso de las 17:50h, Lennon y Ono se desplazaron desde su domicilio hasta los estudios de grabación para culminar los últimos retoques en el futuro álbum póstumo Milk and Honey. La pareja tuvo que escurrirse hábilmente del bulto de fans y admiradores para poder llegar al taxi. No obstante, tan sólo uno entre decenas de fans consiguió un autógrafo del cantante. Aquel fue Mark David Chapman, quien consiguió que su ejemplar del novísimo LP de la pareja Double Fantasy fuera firmado por el cantautor. Aquel momento de gloria fue inmortalizado por fotógrafos del New York Times.

Chapman, aturdido por su brutal golpe de fortuna, permaneció a la espera hasta las 11 de la noche, que fue cuando la limusina del feliz matrimonio aparcaba en el parking del edificio. John y Yoko pasaron junto a Chapman y éste último con un helador “Mr. Lennon…” realizó seis disparos cuatro de los cuales impactaron en la espalda y hombro del ex líder beatle.

El futuro asesino permaneció sentado inmóvil a pocos metros del moribundo Lennon y mientras observaba con total frialdad y crudeza la muerte por desangre del ídolo de Liverpool, intentaba leer el ejemplar comprado esa misma mañana de El Guardian Entre el Centeno. A los pocos minutos llegaba la Policía para trasladar al tiroteado al Hospital Roosevelt y su vez inmovilizaban a Chapman sin que este último pusiera resistencia alguna.

Poco antes de morir, el policía que sostenía a Lennon entre sus brazos, le preguntaba sobre su identidad: “Soy Lennon, John Lennon de los Beatles”. Éstas fueron las últimas palabras de un genio que minutos después dejaría un tremendo legado humano y cultural para toda la eternidad. John Winston Lennon fallecía veinte minutos después a los 40 años de edad tras haber perdido más del 80% de su sangre.

Asesinatos como el de Lennon o las extrañas circunstancias en las que se encontraron lo cuerpos sin vida de los Elvis Presley, Hendrix, Morrison y Marilyn Monroe, inducen a creer que había algo más allá que paradójicas casualidades en accidentadas muertes, pero sobre todo deja claro que un país como los EE.UU., tiene el poder suficiente y las herramientas necesarias para deshacerse de quien estorba en sus objetivos primarios.